Thursday, June 29, 2006

Del otro lado del dragón chino


Mucho he vuelto a desear aquel domingo. Fue como los domingos de la infancia, languidos, espesos, silenciosos y calmados. Domingos que parecían domingos. El sonido del vacío se interrumpía sólo con un dedo que de la lengua salía húmedo a pasar las páginas del periódico o con una cuchara moviendo el café, o con la brisa suave en las cortinas de la cafetería.

Estábamos en el Barrio Chino de Washington D.C. tomando del mejor té frío que he probado. Nuestro mesero hacía preguntas genéricas, tan al azar que parecían sacadas de galletas de la suerte. Preguntas que no admitían un si o un no como respuesta, que obligaban la conversación, que no involucraban sentimientos, ni contestaciones más extensas que una oración elemental.

Del otro lado de la mesa que se extendía como un dragón chino curvilineo sobre el local, hablábamos y nos hacíamos las preguntas más comprometidas, más interesadas y más pensadas. Era el primer momento del viaje en que nos sentábamos como en los viejos tiempos.

Han sido muchas las veces que he viajado de vuelta a ese domingo y sé que muchas veces más vendrán en que desee compartir ese tiempo languido, suspendido en el viento que sopla las cortinas mientras compartimos un té frío y nos hacemos preguntas de las que abren puertas, de las que están al otro lado del dragón.

Monday, June 12, 2006

Bien Parada


Nunca me había decidido a asistir. Siempre pense que lo que se presentaba no me representaba. Quise comprobar que los medios se limitaban a mostrar una pequeña parte de "la comunidad". Comprobé que tal vez sea cierto, los medios escojen la parte más circense pero no es una parte inventada, es una parte real. Gracias a esa parte de "la comunidad" que sale a la calle desafiante, con el maquillaje como coraza, con las tacas bien puestas y las tetas bien hechas, "la comunidad" se ha representado, porque esa es la parte de la comunidad que da su cara a las cámaras, aunque sea bien maquilladita.

Mucha es la gente de "la comunidad" que no esta deacuerdo con ser representada por un chico enpelucado. De esos, pocos se enfrentan a una cámara de televisión, pocos se atreven a recibir insultos en la calle por ser quienes les nace ser. Y no se trata de cual es la manera correcta de llevar tu homosexualidad, se trata de respetar la diversidad que deseamos.

Este año entre lesbianas motorizadas encabezando la parada, religiosos, dragas, strippers, punkas y góticas, sin contar muchos otros de los tantos nombres que usamos para separarnos dentro de la separación; quise desfilar junto con ellos y con los empleados públicos, los abogados, los estilistas, los médicos, los camioneros y cuanta inimaginable profesión allí había y que no toman las cámaras. Este año quise representarme yo.

En ese intento de hacer sentir mi diferencia, aprendí a estar orgulloso de ese "circo" que lipstic en mano defiende la bandera de la diversidad.